Tu vida es valiosa a los ojos de Dios y nadie tiene derecho a eliminarla, ni siquiera la propia persona.
Cuando descubres que tú eres más importante que tu salud y tus cualidades, más grande que tus acciones y tus títulos académicos, entonces descubrirás la grandeza de la vida.
Dios
ha pintado tu nombre en las paredes de la luna y ha susurrado al viento que te
quiere y desea hacer una historia de amor contigo, una aventura de salvación
con tu vida.
VITAMINAS PARA EL ALMA: EL SUFRIMIENTO COMPARTIDO CON LA PASIÓN DE CRISTO.
Madre Teresa de Calcuta decía que “el sufrimiento tomado en sí mismo no vale nada, pero si es compartido con la pasión de Cristo es un don maravilloso”.Ofrece tu sufrimiento al Señor, y Él te lo agradecerá.
La
compasión y la misericordia son la esencia misma de la vida en Dios y entrar en
su dinamismo conlleva llenarnos de esas cualidades eternas que nos hagan más
humanos y más misericordiosos.
Un magnífico criterio de discernimiento que debería estar en nuestra mente, en nuestros labios y en nuestro corazón: “Todo lo que querríais que hicieran los demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos, porque eso significan la Ley y los profetas” (Mt 7,12).
Cuando la risa preside nuestras relaciones humanas, entonces hay una corriente de sintonía y de alegría que nos hace más humanos y más solidarios con nuestros prójimos.