Cada día amanece para que tu existencia se convierta en una oportunidad para llegar a la perfección, a la madurez humana y al conocimiento pleno de la realidad.
Descubre en tu vida que lo importante no es caerse sino levantarse, no es herir sino curar, no es molestar sino pedir perdón, no es pecar sino convertirse y pedir perdón.
Dios
ha pintado tu nombre en las paredes de la luna y ha susurrado al viento que te
quiere y desea hacer una historia de amor contigo, una aventura de salvación
con tu vida.
Fray
Luis de Granada comentaba a menudo: “Los hombres deberíamos tener para con Dios
un corazón de hijos, para con los hombres un corazón de madre, y para con
nosotros mismos un corazón de juez”.
Jesucristo
ha cargado sobre sí el peso del sufrimiento y él mismo ha asumido la muerte más
cruel, sólo por amor, sólo por nosotros, sólo por el hombre y mujer de siempre.